Jah Fest - Invitación -


Amigos, falta poco.


Este magno evento contara con varias actividades (aparte de la actuación de las bandas) de la cual queremos seas participe...


Informate y participa visitando la página oficial, y no olvides que somos parte de este planeta y que hay que cuidarlo.



¡¡¡Fuego!!! Si el infierno es así, me gustaría estar ahí
Listo para partir

En la pesca - soledad -
Por : Don Fer



Los patos
La silla - o elocuencia a la soledad compartida -
El arbol - o elocuencia a la navidad -



Por Don Fer

2 de octubre 2008
NO SE OLVIDA
Fotos de: Don Fer
En cámino
Iluminando la calle



Las Pintas: Destruye al estado


ANARQUIA

Angel

Observando desde las alturas

Encabezando, la esperanza nunca muere

Enfrentamiento

Conatos de violencia

La "seguridad" protegiendo un hotel trasnacional

Saludo a los policias

Contra la represión

Toda valla es buena para expresarse

El contingente de la banda Punk, siempre presente

Y si: No olvidaremos



Dedicado a la banda del UTA junto a la cual he pasado momentos bellos llenos de luz, música y baile...


“La eternidad se encuentra en las páginas de un periódico amarillista”



Soy un pobre diablo que trabaja en la noche y mal duerme por el día. Nunca pensé que una muerte afectara a tal grado mi vida. El insomnio en días de depresión era insoportable, al grado que estuve a punto de arrancarme los ojos para aventárselos por la ventana de mi cuarto a aquel perrito roñoso que diariamente me veía tristemente cuando salía de mi casa.


Acepte el trabajo por la necesidad de formalidad y aunque a mis dos años de vida nocturna me vea más cerca y al borde del final me sigue gustando manejar mi carro por los caminos de la oscuridad mirando a mi lado choques irremediables en donde la sangre corre por las avenidas libremente; prostitutas en cada esquina ofreciendo servicios mágicos y reconfortantes a aquellos locos viajeros que cual vampiros se acercan a tratar de chuparles algo de su alma; asaltos llenos de tristeza a plena luz de luna en donde se arriesgan vidas por unos pesos.


En eso se ha convertido mi vida: visiones nocturnas y vampíricas acompañadas de momentos de soledad sobre el pavimento casi siempre mojado que refleja las luces color neón de la ciudad sobre su superficie negra llena de historias que quisiera absorber. Y aunque es triste, pues ya no veo más luz, me excita vivir con el peligro inminente a mi lado. Finalmente todos estamos cerca de la línea divisoria que a algunos separa de la muerte y a otros de la eternidad.


He visto morir gente en accidentes automovilísticos. En una ocasión dos jóvenes ofrendaron sus vidas cuando yo me le escape a la eternidad. Su destino fue morir y sus gritos locos llenos de desesperación, su último aliento y el olor a sangre que manaba de los desechos y torcidos hierros nunca se borraran de mi mente: un recuerdo más para el baúl que guarda mi ansiedad, mi locura, mi angustia y mi depresión extensa, extensa…


Y es que desde que ella murió ya no quiero salir al sol, a los días que son tan comunes para la mayoría. No tengo ganas de ir al supermercado temprano, al parque a comer un helado por las tardes, a comprar una hamburguesa entrada la noche. Prefiero dormir en el día soñando con aquello que puede ser pero que nunca se concreta pues bellamente se queda ahí, en los recovecos del inconsciente…


Si, ahora soy más inconsciente.


Y cuando despierto y me levanto de mi cama, empapado en sudor y aún teniendo visiones lúdicas, lo único que atino hacer es a preparar mi destino inmediato. Ya no planeo a largo plazo pues tengo la idea, ya irrefutable, de que pronto llegara el final. Ahora solo queda sobrevivir y ansiosamente esperar llegar al lado de aquella pareja para abrazarlos y decirles: ¡por fin llegué! vamos que todo va bien.


Jamás volveré estar al lado de ella, ni en la muerte, pues se que yo iré al lugar de los trágicos y ella ¡Ja! al de los comunes. Por ahora me conformo con estar, ya sin espíritu, al lado de las que van llegando, cual vampiras, a tratar de quedarse con algo mío. Siempre, irremediablemente, terminan alejándose cuando se dan cuenta que estoy vacio. Huyen y nunca vuelven a ser las mismas.


Seguiré recorriendo avenidas iluminadas por la luz amarillenta de sucios faroles y quizá ahora si quede unido para siempre al pavimento y deje correr mi sangre, mis lágrimas y mi alma libremente hasta la alcantarilla más cercana, para que mi eternidad quede plasmada en la primera plana de algún diario amarillista.


Don Fer.
Septiembre del 2008



En unos días se publicara en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México los cambios a la Ley de Transporte y Vialidad que radicalizan las sanciones para quien conduzca en estado de ebriedad.

Ahora quien no pase la prueba del alcoholímetro por primera vez perdera su licencia un año y se vera obligado a asistir a una terapia de "tratamiento y recuperación".

Quién reincida se hara acreedor a una suspensión de licencia por tres años e igualmente debera asistir a tratamiento. Si la persona alcoholíca caé por tercera ocasión su licencia quedara suspendida de manera definitiva.

Además se sancionara con 180 días de salario minimo y corralon de su unidad a quien teniendo suspendida su licencia tramite otra en alguna otra parte de la república mexicana.

Cuidado amantes de la noche alcohólica. Ahora tendran que caminar, esperar sentados en banquetas frías a que abran el metro o simplemente dejarse caer en hoteles llenos de imoralidad por los rumbos en los que se encuentren.

SALUD Y VIVA LA LIBERTAD...
Ian Curtis

Me siento solo en el gran teatro. Las luces iluminan con sus destellos multicolores a todos los demás. Estoy arrinconado y aunque soy parte del espectáculo ya no participo en él. Lo decidí después de haber enfrentado las risas, reproches, burlas y abucheos. No soporto el escenario ni a mis compañeros complacientes con sus risas forzadas.

Lo mejor será actuar para mí, complacerme mostrando mis instintos más salvajes y contradictorios. Me han cansado los aplausos forzados, las elocuencias positivas e hipócritas. El melodrama del mundo va bien para la mayoría, para aquellos que necesitan las luces sobre sus rostros y los aplausos de los demás para sentirse vivos; ellos se encuentran en el círculo obligado de la vida y eso les va como un traje hecho a la medida. Yo deje de girar en él hace mucho tiempo ya. Lo intente y fracase, no estoy hecho para este mundo y sus complejas abstracciones morales y objetivas.

En alguna ocasión una luz se enciende en mi corazón y parece guiarme, cual apuntador, hacia los demás artistas. Y me dejo ir aunque sea fugazmente. Ellos no se dan cuenta pero por un momento mi fútil espíritu se une a sus corrientes cuerpos. Y por un momento me siento bien, todos los sentimientos que guardo en mi alma aparecen exacerbados e iluminados y los manejo de la mejor manera. He amado, odiado, sufrido, creado y guiado a la vez, más esto parece no importar a los demás que solo siguen viéndome como uno más. Nunca nadie se dará cuenta de la diferencia entre un actor del mundo y uno del espíritu, de la soledad y la otredad.

La carpa se cierra y se abre constantemente pero siempre se da el mismo espectáculo: ellos queriendo quedar bien con los otros, violando constantemente lo que humana, tierna e inocentemente llaman sus ideales. Y el público aplaude por no saber hacer otra cosa. El gran dilema de la humanidad es que los actores no saben su papel principal en la vida. Siempre siguen y adoptan el que va mejor con el momento, con el que pueden hacer reír o entristecer al otro. Siempre quedando bien, siempre.

Se ha perdido el dramatismo que implica el arte, se ha difuminado el sentido innato de desenvolverse con libertad. Ahora la vida se ha vuelto demasiado vulgar, muy estereotipada y material. Se ha dejado de lado el espíritu, la magia que conlleva seguir los instintos más salvajes y momentáneos.

Pero adelante. Seguid humanidad, el maquillaje les va bien, los atuendos brillosos y de última moda les asientan a la perfección. Dejadnos solos a aquellos pocos espíritus que vagamos por la noche riéndonos lastimosamente de ustedes.

Si tan solo pudiera quedarme con una mirada sincera de amor, odio, rencor, tristeza o de cualquier sentimiento veraz podría irme en paz, pero todo es actuado… Seguid humanidad, que la inmortalidad es para unos cuantos.

Yo me quedo en mi teatro mágico solitario, siendo mi único espectador, riendo y sufriendo para mis adentros. Si alguno queréis entrar a esta carpa recuerde solo una cosa: jamás saldrán y si lo llegasen a hacer saldrían locos… Yo ya lo estoy.

Don Fer.
Agosto 2008

En la carpa…
Lo importante es que me considero un escritor; lo peligroso es que soy un soñador.
Don Fer.


Personalidades

Hoy se despertó con la sensación que ya conocía: escalofríos, ansiedad, sudoración extrema y latidos exasperados del corazón; su estómago parecía una hoguera cuyo humo recorría sus vías respiratorias para salir por sus resecos labios lastimándole la garganta.

Sabía que una nueva adicción había llegado a su vida y descifraba bien de lo que se trataba: jamás podría dejar de escribir.

Era harto raro, quizá para algunos ni adicción se considerara, a lo más un pasatiempo, pero para él esto se estaba convirtiendo en una necesidad comparable, solamente, con su deseo de vivir. El descubrimiento le causaba gran sufrimiento.

Él quería llevar una vida "normal y sana"; comprar un carro, tener novia, casa, una mascota y dinero... Ya lo había intentado pero sus otras adicciones no lo habían dejado fructificar: lectura, estudio, cigarrillos, alcohol, deambulares nocturnos, fiestas y sexo dominaban todos los aspectos de su vida.

Una novia tuvo y en un arranque desatado por las ideas de libertad que fluían en su cabeza la mató. Un carro compró y en un ataque de anti materialismo lo destrozó. Un perro consiguió y en cierto momento desestabilizador lleno de furia, refutando responsabilidades, lo regaló.

Se encontraba descorazonado, sus sueños ahora habían elevado su temperatura. Despertaba por las noches empapado en sudor y harto espantado, a veces no podía respirar. Las ideas acumuladas en su cabeza, que parecían milenarias, exigían ser liberadas, deseaban ser plasmadas pero él solo deseaba ser normal, no tener esos sueños ni esas necesidades; añoraba ser como tú, como otros tantos, como la mayoría.



Se levantó de su mojada cama y decidió regresar a la escuela – primer error –En su andar había encontrado a antiguas personas que, como la suya, tenían la mente insana llena de abstracciones indescifrables. En la Universidad había de todo pero él parecía tener un imán que atraía a los seres más complejos y locos que rondaban sus pasillos: paranoicos, esquizofrénicos, punketos, yonkis, músicos diversos, escritores, putas y uno que otro más con el espíritu distinto al de las mayorías.


A veces se comparaba a sí mismo con un insecticida pues cuando trataba de entablar algún tipo de relación con algunos seres "sanos y cuerdos" estos le huían. Veía a esa gran mayoría con sus proyectos de vida establecidos, con sus flamantes novias y sus bellos autos. Escuchaba sus conversaciones llenas de prejuicios contra todo lo que violaba sus buenas costumbres y su intachable moral. A veces le daban ganas de seguirlos, unírseles, de ofrecerles incluso su corazón con tal de que lo enseñaran a ser como ellos… a ser normal.

Siempre lo mandaban a volar, y él viajaba.

Eligio dejar su trabajo - segundo error- Él sabía que necesitaba dinero, mucho dinero, para poder tener lujos, comer en los mejores restaurantes, beber en exclusivos bares, comprar en los más caros almacenes de ropa, calzar a la última moda y usar las mejores aromas.



Después de su terrible descubrimiento había decidido ir a un concierto de música clásica en el palacio de bellas artes de su ciudad. Todo iba bien y se mantenía tranquilo hasta que un funcionario representante del gobierno de su país conmino unas palabras en honor al músico que dirigiria la orquesta - En su país gobernaba la derecha y su locura, eso lo sabía, era de izquierda- Empezó a silbar, abuchear y a exigir con gritos enfurecidos que aquel ser se callara y se fuera. Lo hubieran sacado de tan prestigiado lugar si no es porque todo el público lo secundo, se sabía un líder y por un momento el corazón se le hincho.

Se había dado cuenta de que la locura también se compartía y aunque aún no hubiese llevado a cabo su plan– retomado de uno más antiguo – de vaciar LSD en los sistemas de agua potable que llegaba a la mayoría de hogares de la ciudad imaginaba la reacción conjunta y la piel se le erizaba: la libertad sería vivida, quizás para muchos por primera ocasión, y se le uniría ese toque mágico que da la locura: entonces sí todos despertarían de su letargo.

Al terminar el concierto aprendió que su mundo no era el de las mayorías. Se miro a sí mismo, balbuceo algunas palabras y decidió cerrarle las puertas a la masa inútil, a aquella que ya no le servía. Decidió intentar ser el mismo.


Volvió a las andadas, repitió el rito, se dejo llevar dulzonamente y un poco cabizbajo por esa nueva necesidad: escribió, escribió y escribió. Casi milagrosamente se dio cuenta que revitalizaba su espíritu sin dejar de lado el sufrimiento que ahora asociaba con algo sagrado. A lo sublime solo se llega atraves del dolor, dilucidaba.

Algunos de los distintos seres que confluían en él: intelectual, espiritual y creativo se encontraban en paz, corrían libremente cual mozuelos en campos de trigo veraniegos, sin embargo había otras partes que no iban del todo bien: la física, moral, planeadora; la estructural y socialmente aceptable.

En su caso le deprimía saber que no viviría de lo que le gustaba hacer:
escribir, pero elucubraba que si llegara a hacerlo sería lo mismo: saturación y consiguiente búsqueda de otra adicción más fuerte para continuar en el mismo juego que había sido su vida.

Físicamente escribir le causaba estragos: no dormía ni trabajaba, sus muñecas le dolían constantemente, fumaba más de lo debido ,se inyectaba mucha más heroína que conseguía después de liarse a golpes en callejones oscuros en donde las apuestas corrían libremente. Sufría pero, en verdad, no podía vivir sin esto.

Cuando creaba la ensoñación y la abstracción lo dominaban todo el día: amanecía crudo, dejaba sus pertenencias - junto a su corazón - en esquinas peligrosas; se prostituía para conseguir algo que comer. No le importaba nada solo escribir… Sabía que estaba vivo gracias a las letras y eso le reconfortaba.


Dejar de lado su locura sería conducirse al suicidio. Soñaba… su rostro iluminado por una sonrisa; su casa llena de accesorios y su jardín repleto de flores y abejas empapándose por el agua de alguna llovizna; sus hijos jugando en el patio mientras él y su pareja se besaban cálidamente diciéndose te quiero. Su oficina se encontraría repleta de diplomas, usaría ropa de la mejor marca, su felpudo estaría arreglado a la última moda; se divertiría los fines de semana con sus amigos en alguna cantina para después llegar temprano a su casa acostarse y platicar con su mujer acerca de la dura semana laboral… soñaba y se veía tumbado en un sillón viendo películas comerciales de acción en su sistema de televisión por cable.

Quizás era mejor soñar con esta realidad alterna a imaginar que alguna vez había sido escritor. Para él los sueños eran tan reales como la vida misma y sabía que lo mejor o tal vez lo peor – eso no se sabe hasta que ocurre- es que a veces estos se hacen realidad.


No se quería aceptar como era, a veces lo intentaba pero no lo lograba, solo esperaba al destino y lo que este le dictara.

Sabía que se estaba acercando…


De repente despertó. ¿Otra vez?

Se encontraba en un cuarto, solo. Sin ventanas ni vida exterior la única ventilación era un pequeño hueco que a la vez servía para pasar un poco de comida. Desnudo, no sabía dónde estaba. Se miró las manos, los pies y se toco el rostro: no se reconocía. No sabía quién era, de donde venía ni siquiera si en realidad existía.

A lo lejos en un rincón observo un lápiz y varias hojas de papel, le costó trabajo saber de qué se trataba. Monótonamente y con una reacción debida más a la costumbre que a otra cosa se levantó, estiro sus rígidos miembros y se acercó a las herramientas presentes para hacer uso de ellas: escribió, escribió y escribió.

Y así siguió contando retazos de su vida, añoranzas y sueños. Y pronto fue adquiriendo la personalidad que en ese momento deseó: la tuya, la de miles, la del escritor…

¿El destino? Se acabaría en cuando las hojas se terminasen.

Don Fer
Mayo 2008