A mi familia, que siempre está en los tragos, sean buenos o malos.

Una nota que perdura en el corazón, en la memoria y aún en el inconsciente colectivo merece ser respetada y ensalzada por toda la eternidad.

El arte no se da en el cielo, se da donde hay FUEGO.
Don Fer.


Horacio Franco, o de un evento XXX.

Si… La lluvia que caía afuera del Palacio de bellas artes provocaba melancolía, recuerdos de tiempos mejores, de aquello que se fue para siempre, del amor perdido, de la otredad desaparecida.

Adentro del recinto todo era calor, humano – sintético: hartos perfumes, maquillajes; mucha ropa diría el artista culpable de esta reunión. Y es que él fue previsor y asistió holgado, ataviado a lo más con un pantalón y una playera que apenas cubría su torso.

Horacio Franco, flautista que festejó tres decadas de trayectoria profesional el pasado 12 de abril, es mi primo -honorífico claro- como seguramente es novio, hijo, pareja, sobrino, ahijado de muchos. Su personalidad invita a adoptarlo.

Y es que en este México ¡Lindo y Querido! Como cuesta ser XXX: treinta años dedicados al oficio más bello y puro que existe: el arte, la música. No hay de otra más que chingarle como lo ha hecho el catedrático y muchas veces becado Franco, aún hasta la fecha.

Convocado como cientos de seguidores –miles hubieran sido si el lugar lo permitiera- llegué al infierno mismo para festejar el cumpleaños artístico del maese. El agua que cayó sobre nuestras ropas se empezó a evaporar dentro de la sala principal del palacio. Se veía el vapor iluminado por los reflectores y luces que redoblaban la temperatura.

Y aquello empezó bien, nuestros diablos salieron a relucir cuando en un acto de oficialidad e institucionalidad, no requerida ni necesaria, el representante de la cultura en México Sergio Vela dio un discurso de felicitación. Los abucheos y silbidos casi no lo dejan terminar.

Sin tapujos, ni tampoco visos de grandeza o poses - ya clásicas en algunos “artistas” o “músicos”- Horacio Franco inició con un solo de flauta mágica (¿o debería decir: labios mágicos?). El ambiente se calentó más, una señora pidió aire acondicionado, la mayoría guardó silencio y comenzó a disfrutar del viaje. El bop de la flauta empezó a retumbar de una manera tan armoniosa en las blancas paredes y en los balcones que varios cerraron los ojos. No es común escuchar un solo de flauta tan grandioso. Por algo este músico es considerado uno de los mejores del mundo.

Y siguió enrollándonos en viajes alucinantes, en magias indescriptibles.

Si la magia existe se encuentra en la música, en el arte en general: las notas, pinceladas o letras te llevan a descubrir mundos a los que nunca te habías transportado. Por eso muchos cerraban los ojos. Con su irreverente peinado Punk Horacio manejaba ya la conciencia de varios. Parecía un diablo con cuernos, mostrándonos por un instante la verdad.

Escuchamos de sus manos y labios a Bach (El infinito; Entre lo terrenal y lo espiritual) para pasar deliciosa y nada abruptamente a la ruptura. Y es que el maese Horacio Franco, mi primo, rompe esa barrera de estilización y dureza que el arte presupone. Igual interpreta a Bach o Vivaldi que a Los Beatles, un danzón o un swing. Y con varias rolas de los Beatles, primero, acompañado como siempre de la orquesta Capella Cervantina y después un danzón y un swing puso a bailar a mi mente y corazón, que a mi cuerpo hubiera sido si tan prestigiado lugar me lo hubiera permitido.

Terminado el baile, varios chavos salieron a los pasillos aprovechando el necesario intermedio para todos aquellos que buscaban aire. Cuerpos sudados, el perfume comenzaba a perder efectividad. Fuera abrigos. Adentro el calor permanecía: sabroso. El arte no está en el cielo.

Y los chavos comentaban la actuación emocionados . Y es que a Horacio la juventud lo sigue pues ha desmitificado eso de que la música clásica es solo para rucos. Es un fenómeno poco visto y más en este México tan moralmente adulto. Tal vez sea porque un gran numero de este sector de la sociedad lo ve como uno de los suyos; como un creador de arte nada pretencioso y que sin ninguna pose toma espacios para expresarse. Las necesidades juveniles de crear, cambiar el mundo, disfrutar y apropiarse de espacios tradicionalmente dirigidos a los adultos se ven reflejadas en Horacio Franco y su desempeño. Si, a Franco dan ganas de adoptarlo.

La segunda parte del concierto fue conmovedora y ensoñadora. La copa, el cigarrillo o el chute de mota fueron esplendorosamente sustituidos por las notas. Todos viajamos atraves de ellas sin más. Interpretaciones de Bach (Triossonata en re menor) y Vivaldi (Concierto en Re mayor para flauta, violín y contrabajo; Concierto en Do mayor para flauta sopranino, cuerdas y continuo) hicieron estallar nuestras mentes con recreaciones lúdicas y poéticas.

La hecatombe llegó con el concierto en Do mayor para flauta soprapino, cuerdas y continuo de Antonio Vivaldi (1678 – 1741)… Maestro gritaba para mis adentros, ganas daban de bailar, de quitarse la ropa y de recibir la música de manea más natural, sin tanto perfume o estética. Lo hubiera hecho pero “tan prestigiado lugar” no me lo hubiera permitido.

Horacio es hippie gritaba y por un instante me sentí bien.

Don Fer
Abril 2008



1 comment:

Unknown said...

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