VALIANT FANZINE VOL 1.


Valiant Fanzine, editado por Alfonso Morcillo y Juan Beat...
Colaboran en este numero: Don Fer, Hector Viramontes, Yahir Alonso Ortíz, Renato Bocchio Linares, Carlos Camaleón, Ricardo Pineda Aguilar y más...
Bajalo Gartis dandole click a la portada de arriba (en los archivos aparece como Valiant1.pdf y Valiant1.zip.zip)
Si lo quieres adquirir impreso envia un correo a autogestion_creativa@hotmail.com y te lo haremos llegar.

Analogía entre la puta y el escritor

Soy tan libre de espíritu que por las noches recorro grandes distancias montado en mi caballo gris de cuatro cilindros totalmente lunático, alcoholizado y tal vez hasta ensoñador y un poco carismático. A veces busco a mis amigas las putas de la colonia Guerrero o a mis guerreros los yonkis del inframundo.

Disfruto del aire helado que choca en mi rostro conforme aumento la velocidad, lo corta y hace que mis labios se tornen fríos y rasposos. Me burlo abiertamente de los guardianes del orden que solo me miran con cara cuasi depresiva, quizá adivinando o elucubrando mi destino.

Y me meto a hoyos cual topo. No hay otra forma de describir los mundos que aunque visibles y tangibles son siempre subterráneos.

Sigo a un ente que a mi vista parece divino el cual abre puertas laterales que ceden a un leve empuje explorando lo que hay detrás: cuerpos desnudos, sudados, mal olientes copulando, fundiendo sus células a través de su aliento y líquido vital.

Ella me lleva de la mano apresurada, encontramos un cuarto del cual un intruso sale despavorido: una rata negra de un metro de largo que muestra sus colmillos harto enojada por nuestra osada curiosidad. Nos deja una cama caliente poco reconfortable y llena de chinches.

Y nuestros cuerpos se tumban uno al lado del otro para mirar el techo en donde yo veo lo que debe ser la superficie… Muy lejana. Inhalamos y exhalamos el humo del cigarro de coca mezclado con mariguana que compartimos: nos estamos besando a través de él.

Ella se desnuda mostrándome su blanco y cadavérico cuerpo producto de la falta de luz. Mi corazón late rápidamente excitado pero se detiene de golpe al escuchar son sesenta pesos.

Y abre sus piernas y un olor fétido se eleva del centro mismo de la creación. La penetro con mi miembro poco erecto y un gas comienza a invadir el ambiente, lo percibo, huelo y deduzco que es letal. La abofeteo por tan insolente acción, la corro del cuarto. Quiero intoxicarme solo, una puta no merece morir.

Cuando salgo me doy cuenta de que los seres noctámbulos, aquellos diablos consentidores de vicios me observan. Huyo tratando de desaparecer de sus ojos radiantes pero uno de ellos me alcanza, con una patada en los talones me tumba en el suelo rasposo, se monta sobre mí y me besa calidamente en la boca tocándome el cuerpo como tratando de vislumbrar un orificio, algo por donde pueda meter la magia que trae consigo. Después de forcejear un rato me introduce una línea delgada de polvo blanco por la nariz… cuando la aspiro sé que estoy preparado.

Y salgo a la superficie, nuevamente al aire. Pero aún siento que me falta más-siempre hace falta más-. El recuerdo de ella sobre mi cama me sobrecoge, me reanima a seguir husmeando por abajo.

Después de algunas cervezas en algún otro hoyo y de recorrer una distancia no muy grande la encuentro en una esquina cercana a Tepito y desde que la veo, a lo lejos, se que ella simboliza perfectamente mi placer, mi perversión más lúdica y que hoy explotaremos juntos algunas minas de oro… o tal vez de plata.

Me pregunta si la voy a golpear nuevamente, le contesto que no lo sé y ella con ojos de infinita tristeza quiere que le diga que sí, pero no estoy dispuesto a lastimarla, no quiero ver su sangre derramada sobre nuestras sabanas underground casi blancas. Sé que a ella le gusta que la golpee y me dice que por eso me cobra sesenta pesos, me dice que un día la matare y yo le contesto enérgicamente: ¡No! Una puta no debe morir.

Y vamos a otro hoyo en donde en lugar de ratas colmilludas, perros famélicos nos miran con ojos lastimeros… Y quiero tumbarme a su lado y abrazarlos y decirles que todo irá mejor y no lo hago pues ella me apresura con su mano para que la siga. Siento como una lágrima recorre mi mejilla.

Ya dentro de nuestra habitación ella golpea mi rostro y me gusta. Saca de su bolsa lo que yo imagino será un revolver, pero ¡oh! sorpresa son anfetaminas y cocaína.

Me gustas, me dice.

E intercambiamos: ella me mete sustancias y yo le ofrezco mí miembro el cual me cuesta trabajo meter. Y así copulamos nos drogamos y soñamos.

Cuando despierto ella me mira llorando y me dice que soy tierno por las palabras dulces que le digo: una puta no debe morir. Después de un momento le espeto: pero un cabrón como yo sí. Y le imploro desesperado que me mate. Quiero que este momento sea el último; deseo descansar con su olor impregnado a mi cuerpo por toda la eternidad.

Pégame hasta dejarme inconsciente y después con una daga extrae mi corazón y dáselo a los perros del pasillo - le digo. Ella con cara de asombro me pregunta a que me dedico… soy escritor, le contesto casi llorando.

Medita un rato, una eternidad, sus ojos me miran con simulada indulgencia, me toma de la mano y suelta la carcajada más estruendosa y diabólica que haya escuchado para después casi gritarme: ¡Un escritor no debe morir! ¡Un escritor no debe morir!

Cuando volteo para mirar sus ojos ha desaparecido.

Don Fer.
Febrero 2008

Tu manos ya no son las mismas desde que mi rostro esta impregnado en ellas

Ilustración de Mae, a quien agradezco profundamente
A Cristian, a quien las letras hicieron enloquecer.


La botella transparente y el contenido en ella: un tequila color miel que va desapareciendo a la velocidad de los pequeños pitos de mariguana que me voy fumando, me trae remolinos emocionales de gratitud hacia aquellas personas que alguna vez compartieron espacio conmigo.

Recuerdo a Alfaro Guardados, un viejo ratero de vecindad que vivía en la colonia Vallejo al norte de la ciudad de México. El fue quien me enseño a periquear, a meterme coca por la nariz. Anteriormente me la fumaba y aunque la sensación es casi la misma el golpe en la nuca y en los ojos no se compara con nada en el mundo.

Igualmente guardo gratos instantes en mi memoria de el David Alfaro Sic de la banda, pintor amateur que murió como perro desangrado en un hospital psiquiátrico del estado de Morelos por pintar los muros blandos de su celda con su propia sangre, al negarle los vigilantes pinturas y un cuaderno por considerar su actividad poco lúdica y “peligrosa”.

Pero hoy te voy a contar acerca de mi amigo Cristian, aquel que provocaba suspiros de quienes tuvieron la fortuna de verlo en su andar por la caótica y contaminada ciudad o por pueblos jodidos- pobres pero bellos y llenos de luz - y por uno que otro hueco en el que se metía después de levantar tapas de coladeras en cualquier lugar.

Cuando lo conocí me enamore de su rostro duro pero de una fineza inenarrable, parecía un retrato del Marques de Sade. Su andar era tranquilo y movía las manos graciosamente cuando hablaba, era mimo sin saberlo pues recreaba escenas dantescas, sublimes, banales y complejas con los diez dedos y sus dos palmas.

Todas las chicas del Colegio lo seguían aún cuando él las ignoraba sin el más mínimo pudor: ¡qué me siguen golfas hijas de puta! Les gritaba cuando veía que un grupito de más de dos chicas cuchicheaba y reía tras su figura.

En mi primer acercamiento me sorprendió que su rostro no tuviera que ver con sus modales. Era en cierta forma grotesco al hablar, su vocabulario rayaba en la mediocridad y la palabra que mas se le oía decir era golfas. Tenía un sentido rencor hacia el sexo opuesto que me hacia pensar que era homosexual, cuestión refutable en más de una ocasión.

Empecé a salir con Cristian para conseguir mujeres. Al ver que él las rechazaba acudían a mí como consuelo y posible eje de acercamiento. Yo las usaba, les mentía y tras dos o más palabras de poeta clandestino algunas caían rendidas aún con cierta esperanza de obtener algo del “otro”.

Una mañana mientras yo fumaba mariguana Cristian me pregunto que se sentía. Lo mire fijamente y como no pude explicar con palabras ni con mímica, como él seguramente se hubiera expresado,le respondí que sería mejor que lo experimentara. Desde esa ocasión Cris, como cariñosamente muchos le decían, jamás dejo de consumir la hierba que habría de llegar a considerar sagrada.

Hasta antes de ese momento él ni siquiera fumaba cigarro, no tomaba y lo más que hacia era dilucidar y viajar a través de los huecos que se hacían entre sus dedos, cuando durante minutos se tapaba el rostro con ellos moviéndose enfrente de sus ojos rápidamente.

Estudiaba pero en su lenguaje no se vislumbra viso alguno de ello, esto me molestaba pues pensaba que una cara debía de ir acorde a una actitud y la suya era más bien vulgar. Aparte en ese entonces yo me consideraba un Don Juan, un Cortázar, un Maquiavelo. Mis lecturas y análisis me daban cierto aire de notoriedad entre los muchachitos de no más de dieciocho años con los que me juntaba.

Por ende empecé a prestarle libros los cuales devoraba rápidamente. En una ocasión me devolvió Ensayo para la Ceguera dos días después de que se lo había entregado.

- ¡Uf! Hermano, no he dormido pero ahora entiendo mejor la complejidad de la raza humana, -me dijo.

Su lenguaje empezaba a mejorar; su aspecto denotaba descuido y cansancio y su adicción por la mariguana crecía. Una cosa por otra dilucidaba yo argumentando que no había nada como la expresión a través de la oralidad y las letras y que obtener las llaves de la sabiduría para comprender y utilizar estas vías valía todo riesgo.

Una noche durante las vacaciones Cris llegó a mi casa sudando y desconcertado. Había investigado mi dirección y después de vueltas casi interminables había dado conmigo.

-Uf, hermano me tienes que prestar un libro por el amor de dios –me dijo-
-Pero si para eso hay bibliotecas cabrón, que no las conoces –le contesté –

Desconcertado Cris realizó una analogía en la cual visualizaba mi ser como un complejo Aleph: como un universo de conocimiento, sin el cual él no podría vivir. Casi eres el libro de Borges me gritaba emocionado. Entendí que Cristian estaba obsesionado oníricamente por la literatura y mi rostro él cual me pidió le dejara tocar con sus manos que sentí frías y ágiles en mis pómulos, boca, nariz y frente.

Un día soleado, en uno de nuestros tantos paseos por el Colegio, me confesó que me veía en sueños, representando siempre a varios personajes de libros:

- Te he visualizado como el Quijote, como Justina, Chinasky, Pedro Páramo, Chin Chin el teporocho, Sal Paradise, Dean Moriarty, Bull Lee, La dama de las Camelias y hasta el Cuervo; y aunque se que no hay retratos para todos siempre veo tu rostro acoplado a cada personaje armoniosamente – me dijo frenético.

Estaba sorprendido, yo nunca había llevado mis alucines y dilucidaciones al extremo. Veía a mis personajes literarios favoritos como entes puramente metafísicos, nunca los materializaba. Estaba desconcertado y Cris más ojeroso y con ansias locas de fumar mariguana.

Cuando no fumo no leo me confesó: Es un tren al entendimiento, una cosa lleva a la otra, si fumó entiendo y comprendo, si no solo miro letras sin sentido para mi espíritu, me decía harto convincente con sus ojos negros profundamente clavados en los míos. Estaba enloqueciendo, lo envidaba y lo odiaba guardadamente por eso.

Si antes no le hacia caso a ninguna chica ahora menos. Se había ensombrecido y paradójicamente a quien perseguían era a mí aunque yo ya había perdido interés por cualquier cosa que no fuera la actitud de Cris hacia la vida. Estábamos complementados por la literatura.


Una tarde lluviosa llego empapado y llorando a mí casa. Gritaba que veía mi rostro en sus manos. Por entre sus dedos, en sus palmas, uñas, y aún muñecas mi cara lo seguía, no quería volver a verlas pues estaba temeroso de que yo lo matara utilizando sus propias extremidades. Llevaba guantes.

Cristian estaba loco y pronto su familia se dio cuenta. Empezó a alucinar y a verme en el agua que tomaba, por ende la dejo de consumir. Fumaba más mariguana y en una ocasión le aventó un vaso de vidrio a su madre por que la confundió conmigo.

Lo recluyeron en una granja de la cual a los seis meses salió directamente a buscarme, suplicándome por un libro el cual no le preste: devuélveme los anteriores le argumentaba, cosa que jamás hizo.

De regreso a su aparente cotidianidad un día Cristian se aventó a las vías del metro. La palomilla se asusto, las mujeres gritaron y una palanca jalada oportunamente por un individuo salvó la vida de nuestro compañero.

Jamás lo volvimos a ver y jamás recupere más de un centenar de libros que había compartido con él. Mi tranquilidad desapareció también junto a las hojas impresas de letras encuadernadas.

Poco tiempo después cuando fui a visitarlo al hospital me informaron que Cristian se había cortado las manos con un vidrio filoso que consiguió nadie sabe en donde argumentando que ya no quería ver un rostro que lo atormentaba cada que pasaba sus dedos rápidamente por enfrente de sus ojos. No se las pudieron salvar, se gangrenaron, y sus muñecas serian para siempre puro muñon.

Yo lo se lector: tengo mi pase al infierno.

Don Fer
Noviembre del 2007

Disertaciones publicas sobre mis héroes anónimos o, quizás, no tanto.




A Joan Vollmer

Alego demencia cuando alguien me pregunta sobre mis héroes. No me gusta hablar del tema. En realidad no lo hago por respeto tierno y soslayado a quienes consideran héroes y hasta ejemplos a seguir a equipos de fútbol, artistas,escritores, etcétera. O por indulgencia burlona a los que se derriten mental y económicamente con seres producto de alguna especie de fantasía posmoderna, salvadores del mundo atraves de poderes supraterrenales vulgares: Superman, Batman, Flash, Rambo (léase el mundo como Estados Unidos).

Mis héroes no tienen fama o etiqueta comercial alguna pero igual salvan, recorren y ensalzan al mundo cotidianamente pareciendo que tuvieran súper poderes.

Admiro y desearía ser como el barrendero que por las noches fuma marihuana en una esquina cercana a mi casa para después realizar su labor purificadora y estética. O al vagabundo que siempre me encuentro en la lagunilla quien más que vivir sobrevive contando historias sobre sus batallas en el más allá contra seres malignos a los cuales derrota a diario: el miedo, la enfermedad, la infección, las madrizas de la policía y las violaciones de locos que lo penetran mientras duerme.

Admiro a mis amigas las prostitutas que realizan verdaderos milagros levantando y revitalizando almas al borde de la muerte dando placer mágico físico a quien pague y se deje guiar por sus terrenos en habitaciones de hoteles, lechosas y mal olientes. Admiro su fortaleza, entrega, vigor y por su puesto sus súper poderes; doy gracias y levanto un altar al camello que vende sustancias que purifican y expanden mi espíritu para elevarlo al más allá en donde el final me mira con sus ojos de sorpresa y divina clarividencia pidiéndome que acuda.

A Joan Vollmer la admiro no por que fuera esposa de William S. Burroughs – aunque debo confesar que la conocí gracias a esto – sino más bien por la forma en que vivió: alcohólica desde jovenzuela, adicta a las anfetaminas; mujer que rompió esquemas tradicionalistas de su época moviéndose de manera libre: siguiendo más sus instintos básicos y salvajes que una moral absurda y tapadera de las perversiones más inmorales.

Se casó y tuvo dos hijos con un escritor, homosexual consumado: Burroughs, con el que vivió un tiempo en la Ciudad de México (exactamente en la colonia Roma, en la calle de Orizaba)

Su lugar nunca fue terrenal, siempre estuvo sin estar. Pasaba más tiempo en galaxias lejanas combatiendo y departiendo - nadie sabe con que seres - transportada siempre por el alcohol y las pastillas que se metía. No fue escritora, ni pintora ni súper girl. No tuvo pretensiones aunque conoció, convivió y cogió con la parte gruesa del movimiento beatnik como Jack Kerouac, Allen Ginsberg, Lucien Carr entre otros.

Y es que admiro y ensalzo a la mujer que se deja llevar como fuente inspiradora, acompañante de las más exquisitas perversiones humanas, teniendo ella las suyas propias.

Simplemente la raza humana no existiría sin estas heroínas. A Joan, quien constantemente buscaba la muerte jugando con ella (nadie se mete anfetas y alcohol a diario sin saber el trágico final que le espera) la mató William Burroughs cuando en un intento de imitación del estilo Guillermo Tell puso un vaso sobre su cabeza y le disparo dando en el blanco: la sien de su esposa… El alcohol, las pastillas y la compañía del viejo William cumplieron su cometido.

Y es que el hecho en si fue detonante para que fructificaran ideas y creaciones insurrectas materializadas en libros que perduraran siempre en los corazones de quienes conocemos la obra de Burroughs.

¡Diablos y demonios! Deberíamos de santificar a quien osa dar su vida como fuente de inspiración para la creación más exquisita y compleja que los seres humanos pueden realizar: la escritura. ¡Bendita seas Joan!

Yo no intentaría matar a alguien, pero voy por el mundo robando corazones, esencias, olores, alientos, ruidos, caricias, miradas para ejercer la creación y reconfortarme espiritualmente.
Es por eso que hoy brindo por Joan; por mis amigos borrachos y drogadictos que a diario con sus miradas tentadoras y descubridoras, y demás superpoderes, me salvan del maligno manteniéndome en este mundo.

Brindo por las mujeres que me han rodeado enseñándome que la felicidad existe, aunque momentánea, para vencer a los miedos y a la ansiedad que causa la soledad; por esos viejos vagabundos que han compartido cobijas y alcohol conmigo para cuidarme del frió y calentar mi espíritu; por los boxeadores, luchadores, toreros que con su sangre calman en mí la necesidad de ver la mía propia derramada sobre aceras indecentes.

Por ti, héroe anónimo, esto es lo que te puedo ofrecer…

Don Fer.
Febrero 2008

Ska en el Rayo 27/01/08 By Don Fer

Resiste carnal

Peri

Kometín & Macareno

Ska . La Parranda Magna

Metales La Parranda Magna

Bailando en el escenario con La Parranda Magna
La banda en el Rayo -Ska vive-

Deprimido


Escribo cuando estoy deprimido.

Por las noches el demonio llamado soledad me llama con sus manos sucias, temblorosas y llenas de imágenes para que lo siga.

Y mis lágrimas derramadas en la almohada ahí quedan como mudos testigos de mis ataques de furia, ansiedad y loca tristeza.

Ayer volví a soñar contigo, compartí nuevamente nuestros momentos esplendorosos; observe mis viajes y virajes multifacéticos junto a ti. Vi tus manos en mi pecho tratando de resucitarme cada que el paro venia y se apoderaba de mí.

Enfermera, me doy cuenta que necesito el calor de tus miembros recorriendo mi cuerpo. Imploro a tus palabras para que limpien y purifiquen mi alma, una ves más.

Desfallezco cada que algo toca mi mente y la hace iluminarse con proyecciones que ya fueron y aún hieren mi corazón.

Por que ahora ya no puedo sacar a pasear a mi perro, ya no voy al cine, ya no me baño, las uñas de los pies ya no recorto; no juego fútbol los domingos, no me dejo llevar por la tele, no trabajo, no duermo y ni una erección logro mantener.

El otro día decidí levantarme y andar. Lo único que logre fue levantar la tapa del excusado para cagar. Quisiera desechar de la misma manera tu recuerdo enfermera.

Me la paso acostado pensando y esto me hace mal. Y es que cuando a mi cerebro alguna llama de bondad y felicidad llega a quemarme es inmediatamente sofocada por el frió del abandono, del mal sin razón.

Quien dice que el humano es pensante por clarividencia del divino y que esto es una bendición con la cual debemos sentirnos afortunados se equivoca. Yo quisiera ser un perro que come, caga, coge y duerme…

Me quiero mover por instinto sin preocuparme en mentalizar ideas tan dolorosas como el amor, odio, cariño y todo lo que conlleve un poco de razón.

Apenas trago y bebo algo. Es más la cerveza ya ni me gusta, la vomito continuamente.

Quisiera regurgitarte enfermera. Creo que vives dentro de mi como demonio, clavando un alfiler en mi corazón cada que se te da la gana.

Y todo esto por que voy a cumplir un año más sin verte. Te imploro, te añoro y aún más: te perdonó los trastornos físicos y mentales que dejaste en mí. Pero por favor abandóname, déjame vivir, te lo suplicó.

¿Harías solo esto por mí?

Soledad ¿te llamas enfermera?

Don Fer
Noviembre 2007

DON FER´S BLOG


La vagabunda

Comparto con ustedes un cuento que escribí en mis tiempos ceceacheros....
Disfrutenlo.....
Comentarios y críticas a: autogestion_creativa@hotmail.com
Foto: Don Fer in CU

Para aquella bella mujer que conocí en ese lugar frío y gris.
Para algunos eres repugnante, para mi hermosa.

La creación de la calle.
Inexperta de vida
vagando y viajando
En la urbe de hierro
.

Tus huesos sedientos
de cerveza, sentimientos
absolutos de soledad
tú inspiras la más
perfecta maldad
.

Los irreparables sueños de una realidad
confluyen en un edificio con ganas de caer,
absoluto rencor de la vida misma que solo muestra
su deterioro y pesadez en tu rostro y carácter.


Vagabunda es la palabra,
creación inmersa en los ajenos.
Es la sabiduría de quien utiliza
el instrumento del engaño y la bondad.

¡Ah maldita mentira!

Era un lugar ubicado en el centro de la ciudad, una vecindad en la cual podías adquirir desde un buen libro, una foto instantánea o una buena y helada cerveza que podías tomar al momento. Por lo regular yo asistía a esto ultimo pues en esos tiempos se me hacia demasiado ostentoso el pagar una bebida en un bar al doble de su precio. Prefería sentarme en aquellas escaleras de mármol frió y beber por un precio razonable.

Nunca fui solo, siempre me acompañaban los amigos de parranda o bien aquellos los cuales se veían obligados a hacerlo al realizar un trabajo escolar o al ir a comprar algo por la zona juntos.
Siempre recurría al clásico ¡Hechemos un refresco! Frase que se convertía en horas y horas de cerveza helada, sentados siempre en aquellas viejas escaleras.

Al entrar lo primero que encontrabas era ese altar dedicado a la Virgen Maria, con sus flores cochambrosas de mugre, sus rosarios colgados y una veladora que nunca se apagaba y cuyo vaso, negro ya por el humo, despedía un olor nauseabundo.

Entrábamos por un pasillo en el cual solo cabía una persona a la vez. Del lado derecho encontrabas una librería en donde los textos abundaban y en donde señoras con cara de preocupación compraban algún libro de matemáticas para aquel hijo que estudiaba en el deplorable sistema educativo mexicano. Junto a ella, ellos y tú, pasaba yo con mi cerveza y recorría con mi vista y olfato aquel corredor que había cruzado ya muchas veces y que sin embargo me era imposible desapercibir.

Adelante se encontraban los baños que nunca dejaron de despedir ese olor agrio y ácido propio de los desechos humanos y que a la mayoría repugnaban. Enfrente se encontraba el estudio fotográfico, un cuarto pequeño en donde un señor de lentes y cara arrugada siempre nos observaba cuando entrábamos; algún día ese viejo me había invitado a pasar a su lugar de creaciones, en donde yo observe durante largo tiempo como retrataba a la hija de doña guera propietaria de las escrituras de aquel lugar del cual un pedazo se caía siempre que iba.

Dando la vuelta se encontraban aquellas escaleras que alguna vez debieron ser majestuosas y por las cuales debieron de bajar y subir infinidad de personajes reales. Ahora solo servían para albergar decenas de individuos que llegábamos y nos sentábamos a sentir el frió que el mármol provocaba, a beber, escuchar anécdotas, entristecerse, viajar, dormir y pelear.

Recuerdo que conocía a varios de los vagabundos que se daban cita para conseguir un trago o para dormir solamente un rato fuera de las calles de la Ciudad de México. Conocía también a los rateros que después de robar algo se adentraban corriendo a sus habitaciones y solo nos decían ¡Chiton ¡ Alguna ves me leyeron la mano, otra me pusieron un alacrán y me limpiaron la mala vibra; un chaman viejo me contó sobre su viaje en el desierto con peyote; una mujer me beso; alguien me ofreció droga; otro más me ofreció papeles de identidad, la cartilla liberada, una licencia y hasta un carro. Así era el ambiente de la Maldita Vecindad como todos le llamábamos.

Cierto día llego ella, vestida con unos harapos que le cubrían absolutamente todo: zapatos desgastados que mostraban algunos de sus dedos, un pantalón de mezclilla azul lleno de grasa negra y una chamarra de hombre con gorro que le cubría la cabeza. Solo estaba descubierto su rostro que percibí agachado. Yo me encontraba parado y al pasar frente a mí su mirada se enderezo y giro hacia mis ojos. Me quede frío pues era hermosa. Mirándome fijamente sonrió, yo me quede hecho piedra y solo atine a beber un trago grande a mi cerveza.

Desapareció un momento, al poco tiempo regreso con la cabeza descubierta y pude apreciar su pelo negro y esos ojos que nunca olvidare: verdes azulados como el agua de mar. Su cara blanca mostraba manchas propias de la vida en la calle, no despedía olor alguno y solo reaccione cuando me digo ¿me invitas un trago?

No podía separar la mirada de esos dulces ojos que dura y fijamente me observaban, me sonroje y la gente que me acompañaba lo noto. Ante la situación solo atine a pasarle mi cerveza sin pronunciar palabra alguna para que ella le diera un gran trago. Para mi sorpresa la gente que me rodeaba me recrimino tal acción: que por lo sucio, que por la imagen, y ese tipo de cuestiones moralistas. Sin embargo ya no los escuchaba y solo alcanzaba a percibir que varia gente me miraba sorprendido por la forma en que invitaba de mi cerveza, en la que compartía parte de mis labios, con aquella vagabunda.

Solo nos mirábamos y de ves en cuando sonreíamos, era como si ella con su sola mirada me mostrara la dureza de su vida. Mis acompañantes decían: ¡Vamos hombre votala que es una niña que se escapo de su casa solamente! ¡No te claves! Y cosas por el estilo. Yo contestaba que era de las personas más bellas que jamás hubiera visto, que me dejaran por lo menos observarla un poco más.

De repente escupió algunas palabras, algo de la calle, una grosería, y de momento me dio las gracias y me tendió la mano. Charlamos algunas cosas vagas y confusas. Ella me dijo su nombre el cual inmediatamente olvide y justo cuando estaba por decirle lo hermosa que me parecía apareció doña “guera” quien con una dureza de igual magnitud a la de “vagabunda” le dijo: Si no consumes largate, aquí no eres bienvenida. Yo solo atine a decir: esta conmigo, a lo que aquella señora me respondió: aquí no es putero.

Recuerdo que tuvieron que sacarla a empujones pues quería quedarse a beber más y por lo que nos dijeron entendí que ella ya no era bienvenida en ese lugar por los celos correspondientes a su belleza.

Inmediatamente les dije a mis compañeros que nos fuéramos.

Ya en dirección a el metro caminando por las calles sucias, llenas de comerciantes recogiendo sus puestos, e iluminadas por esa luz amarilla y tenue, yo la buscaba con mis ojos tristes. Volteaba a un lado y nada, volteaba a otro y solo observaba la hipocresía de los que me decían: ¿Cómo te atreves a hablarle a una persona así? Observaba la mediocridad con la que ellos veían la vida al cuestionarme: ¿Es bella una mujer vagabunda? Triste la seguía buscando, sin embargo cuando voltee al cielo y vi una estrella brillante supe que ella estaba ahí y que la luna llena que asomaba esa noche nos cubriría, con su luz, a ambos.

Fue la última vez que me enamore de la calle

Don Fer

Niña

Foto: Don Fer
Para Nat.. Donde quiera que se encuentre....

Ella me obsequio un pan,
me dio una bocanada del humo negro
que de sus labios exhalaba.

Algún día yo compartí con ella mí ser,
deje que succionara mi espíritu,
que lentamente desaparecía entre sus labios.

Me miraba extraña, absorta, como tratando de dilucidar algo que no hallaba.

Y yo le rehuía pues sabia que el amor devenía
ya pronto
y nos arrastraría por torrentes galácticos.

No quiero eso, ella tampoco, lo se.

Dejare que succione otras almas,
seguramente más obscenas, vulgares y prosaicas que la mía.

Pero espero, guardadamente, a que algún día algunos labios llenos de luz, que irradien la alegría que a mi me falta la seduzcan.

¡Y que se deje llevar por su torrente mágico, radial!

¡Y que haga explotar al mundo con chorros olorosos luminosos y lechosos!

¡Y que haga cimbrar las habitaciones de hoteles mal iluminados!

¡Y que viaje por terrenos puramente físicos y se exalte con lo fantástico!

Yo desde lejos reiré. Pues sabré que la felicidad llega… Ja.

Don Fer.
Octubre 2007.

RECUERDOS

Foto: Don Fer


Espero a que dos cervezas que tengo en el refrigerador recién conectado se enfríen. Escucho un disco de reggae que baje de la Internet. Confluyo con esta máquina de escribir comunicándome lenta pero entendiblemente.

Y recuerdo…

Alguien me dijo que los recuerdos eran como purificadores del alma, otro que más bien eran los motores de la vida misma. En este momento solo se que son el tormento y la enfermedad más prosaica que me haya dado, y es que no es física sino mental. De los recuerdos nace la angustia, el sentimiento de soledad, la tristeza y la ansiedad.

En tiempos ancestrales fui estudiante, fui guía de conciencias insanas que querían llegar, a mi lado, a la montaña sagrada. Fui mecías que cual topo salio de la oscuridad solo para ver morir sentimientos, ilusiones y a la vida misma.

Una vez abrí el mar frente a los ojos perturbados de la gente que me rodeaba, y lo hice solo para rescatar a una mujer ebria, de la cual estaba enamorado, que locamente bailaba corriendo el riesgo de ahogarse. En otra ocasión me desnude y llagas sangrantes brotaron de mis brazos, consecuencia inefable del desamor que siempre me ha acompañado.

Un profeta un día me dijo: si no te quieres a ti mismo no querrás jamás a nadie. Tiene razón, aborrezco tanto a la raza humana que al verme yo como un igual el sentimiento es recíproco.

Y he guiado multitudes enormes, los he hecho comer pan y pescado crudo que milagrosamente he sacado de la nada; he compartido con ellos del vino que mezclaba con mi sangre, aunque no lo sabían, viéndolos enloquecer alabándome.

Pero soy humano, cuan corriente y común como los demás. Los recuerdos son muestra de eso. No puedo seguir con mi imagen ancestral pudriéndome lentamente. Prefiero que mi Magdalena me sacrifique y que después todos lloren bajo mi cruz arrepintiéndose del daño causado pues sabrán que eso desato el holocausto: el suyo, el mío.

Me voy a ir sin merecimientos propios del rey que fui, sin alabanzas, sin amor, sin un recuerdo grato que se guarde de mis hazañas y logros

Quizás más terrenalmente termine aventándome a las vías del metro o frente a un microbús, a lo mejor me tiro de un puente o disparo una pistola en mi sien.

Me gustaría ver mi muerte y resucitar después para morir nuevamente eternizado…

En verdad mis recuerdos me están matando.

Don Fer
Septiembre 2007

Ver llover

Foto: Don Fer

Para Kesia

Siempre me ha gustado ver llover. Guardo gratos recuerdos de un aguacero monumental que caía sobre y alrededor de la cabaña donde me hospedaba, mientras absorto fumaba mariguana y escribía, en algún punto de la sierra mazateca del estado de Oaxaca. O de lloviznas que se desataban en algún lugar de la ciudad de México, cuyas gotas terminaban introduciéndose por el orificio de la botella de mi cerveza, empapándome lentamente.

Cuando bebía con Kesia lo hacía en alguna esquina de su barrio. Vivía al norte de la ciudad de México en la colonia Panamericana. Yo era en ese entonces un joven enamorado al cual el miedo hacia la policía, la sociedad o la calle no se le mostraba como ahora. Ella era mi novia, me le había declarado formalmente en un vagón del metro en el cual nos sentábamos siempre en el suelo.

A ambos nos gustaba el alcohol y la mariguana. Consumíamos estos elixires a diario y lo hacíamos en donde fuera más barato y fácil: la calle. Alguna ves nos subieron a una patrulla en donde oficiales que decían cuidar de la sociedad amenazaron con violarla y madrearme si no aflojábamos un “camarón”. En otra ocasión justo delante de nosotros presenciamos el espectáculo de un asesinato tan común en los barrios de nuestra ciudad.

Cuando llovía no pensábamos en protegernos del agua, al contrario buscábamos la calle pues sabíamos que la gente común intentaría cubrirse de ese “mal día” de la mejor manera posible: no saliendo de sus casas. Por lo que las avenidas, callejones y recovecos transitables eran nuestros por lo menos en lo que duraba la tempestad. Éramos seres solitarios. Desde que comenzamos nuestra relación el primer acuerdo había sido dejar de lado amistades banales. Éramos rebeldes y ellos no compartían nuestro gusto de beber bajo el agua. Todos buscaban cubrirse.

Con Kesia viví una temporada en Puebla. Trabajamos en una zapatería. Yo aventaba el calzado por una rampa útil solamente para el hecho y ella ofrecía y medía el producto al cliente. El poco dinero que ganábamos lo gastábamos en pagar treinta pesos diarios por una habitación sucia de hotel cuyas paredes se encontraban graffiteadas con mensajes de amor momentáneo y en comprar droga, alcohol y poca comida.

Un día me enferme, recuerdo que la noche anterior había bebido un aguardiente cuyo sabor era parecido al plástico más común y corriente: me volví loco, vomitaba sangre y mi visibilidad se nublaba. Kesia me llevó al hospital y afortunadamente todo salió bien. De ahí yo pensé en el regreso mas ella renegaba, así que decidí aguantar más días sin comida y mucha bebida.

En Puebla llovía más fuerte que en el DF. Cuando el evento se acercaba y el cielo mostraba su cara más oscura y escuchábamos que los cánticos del mas allá resonaban graves sonoros y roncos Kesia y yo nos dirigíamos a cualquier esquina, destapábamos nuestro aguardiente y nos quedábamos ahí parados sintiendo el frió de los chorros del agua recorriendo nuestros cuerpos, el calor del alcohol deslizándose por nuestro interior.

Esto me excitaba y la mayoría de veces terminábamos haciendo el amor locamente, secando nuestros poros con el frotar de nuestros cuerpos, empapándonos de nuestro sudor, confluyendo momentáneamente. Amaba a Kesia, amaba la lluvia y el alcohol.


Yo escribía todas las noches, ella pintaba todas las noches. Un día decidimos explorar otros terrenos e ir a un museo. Eso fue lo que marcó nuestro regreso. A la entrada del recinto nos negaron el acceso puesto que según los empleados teníamos aspecto de vagos. Yo le rompí la cara al vigilante mientras Kesia gritaba causando que todos los asistentes a tan “prestigiado” lugar voltearan a vernos con cara de espanto. En la Ciudad de México con todo y nuestro aspecto esto nunca nos había ocurrido.


Ya de regreso nos percatamos que las cosas entre nosotros habían cambiado, algo de nuestra libertad se había trastocado. Yo ya no podía vivir sin estar a su lado y con ella pasaba lo mismo. Nos chocaba la situación pues nos estábamos haciendo dependientes el uno del otro. Pugnábamos por no enamorarnos de más pero estaba sucediendo. Yo no sabía como decirle que no quería pasar al siguiente nivel y con ella… pasaba lo mismo.

Yo ya no tenía amigos, todos decían que prefería la lluvia a la compañía carnal. Era cierto. Kesia comenzaba a drogarse con cocaína y pastillas, su aspecto denotaba soledad y descuido, no le decía nada: que ejerciera su libertad pensaba.

Un día me propuso desnudarnos en una calle de la Panamericana. Llovía y acepte, la calle estaba desierta y solo los perros chorreantes de agua nos miraban tristes como tratando de entender por que éramos los únicos seres que les acompañábamos. Terminamos haciendo el amor en una banqueta a la luz de la tarde, sobre charcos y lodo. Me estaba volviendo loco, ella ya lo estaba.

Una tarde Kesia me dijo que se iba a matar, yo no le creí, pensaba que su locura la hacia decir incoherencias, aparte tenia la teoría de que quien se iba a suicidar nunca lo prevenía pues corría el riesgo de que lo convencieran de lo contrario. A la tarde siguiente no llegó a la cita que nunca planeábamos. Los días siguientes fueron iguales. Cuando por fin la fui a buscar a su casa su madre me informo que se había aventado a las vías del metro en la estación Instituto del Petróleo.

Gracias a dios había tenido la decencia de avisarme, de prevenirme pensé. Quizás quería que la convenciera de lo contrario.

Desde ese día ya no bebo en la calle. Aún veo llover, aún siento recorrer el agua por mi cuerpo y dejo que mis lagrimas confluyan con ella por que siento que en cada gota Kesia me esta tocando, que cada rayo que cae es una parte de ella iluminando mi camino.

Cuando veo el cielo nublarse salgo a la calle, no importa el lugar o situación: si estoy solo o acompañado, si me encuentro en la oficina o en mi casa. Miro hacia arriba, mis lágrimas ruedan y en cada gota veo la cara de Kesia que se impregna en mi cuerpo. Confluimos un momento y parezco entender, aunque sea fugazmente, el por que me volví loco.

Don Fer

SEPTIEMBRE 2007


La sal en mi cuerpo

Con mucho cariño para Celene
Foto: Don Fer


La sal carcome pero también conserva. Mi vida era salada. A últimas fechas sentía un frió que atravesaba mi piel y llegaba a mis huesos. Dolía y demasiado pero me estaba acostumbrando. Era como si de repente mi ser se desfragmentara dejando entrar por cada hueco de soledad una corriente de aire insalubre, mal oliente y helado.

Recuerdo la última vez que esto pasó: me encontraba en la calle saludando con la mano extendida a todos aquellos que transitaban en su automóvil por la ruidosa y alegre avenida. Me miraban y solo algunos respondían a mi cortesía, más por lastima que por correspondencia, pues en sus rostros se asomaba un dejo de tristeza.

En un instante me vi tumbado en el suelo y nadie me ayudaba. Todos pasaban mirando sin ver, apurados por la cotidianidad de la vida misma. Mi cuerpo se desfragmentaba y una lagrima se asomaba en mi rostro, algunos aventaban alguna moneda al suelo que me recibía con su textura rasposa y su mal olor.

Lloraba y gritaba, la gente se alejaba de mis lamentos. Me dolía mucho, el frió había llegado ya a mi corazón y lo estaba cristalizando para después romperlo. Me vi solo y empecé a platicar conmigo alejando un poco el sufrir. Suplicaba que cesara, que todo parara…

Fue cuando vi tu mano extendida como queriendo ayudarme. La sujete aferrándome fuerte, dándome cuenta de que la sal también conserva pues ese instante jamás de mi mente se olvidara. Estaba por diluirme completamente en el torrente galáctico de la vía láctea terrenal cuando por fin, carajo, por fin me encontré a mí y cuando gracias a dios te encontré a ti.

Aún llevo vida de sal. En mi último viaje al espacio conocí a un joven que curtía sus pieles crudas con tan importante compuesto. Lo urgí a que aplicara sus menjurjes sobre mi, a que me curtiera y sabiamente me dijo que un poco de sal vivía dentro de cada uno de nosotros: lo difícil era encontrarla y usarla como conservador del alma, de los recuerdos, del corazón mismo.

* * * *
Nos encontrábamos comiendo en un restaurante de la ciudad de México. Ella me miraba melancólica como siempre.

- Tomas la sal con la mano, me pregunto
- Por supuesto, no soy supersticioso y tú
- Tampoco.

Cuando recibí la sal comencé a desfragmentarme en partículas pequeñas: no había frió, al contrario sentía una felicidad absoluta cuando ella evitó que cayera al suelo arropándome en sus finas y delgadas manos… Desde esa ocasión no soy el mismo. He aprendido a arropar recuerdos incurables, angustias y momentos salados.

Don Fer
Junio – Julio 2007

De Vampiros

Foto: Fer

Recuerdo con gratitud a mis amigas del Colegio de Ciencias y Humanidades. Él me hace retroceder en el tiempo para visualizar esas imágenes que se desenvuelven como llamas encendidas en mi estomago y corazón. Y es que la última ves que lo vi - poco antes de que apretara su cuello hasta escuchar un crujido similar al que hacen los polleros cuando destazan un pollo – me comento que era un vampiro y que dormía de día para atacar de noche.
Mis amigas eran seguidoras del demonio: vestían completamente de negro, alucinaban con las llamas del infierno, con el dolor y el sufrimiento que debía de haber allí. Deliraban con grupos de música cuya materia fuerte eran las voces obscuras y tenebrosas, las guitarras eléctricas y los órganos de alientos fuertes y persistentes.
Cuando las conocí no sabia de que modo cambiarían mi vida. En un principio me enamore de Raquel después de Maria. Juntos armábamos unas orgías tremendas, nos revolcábamos en la cama de alguna de ellas y terminábamos vomitando unos sobre otros por el solo hecho de sentir nuestra hediondez y miseria.

Empecé a salir más con Raquel, ella me decía que Maria no compaginaba con nosotros pues no se atrevía a cometer más locuras. Y la verdad es que no entendía a que se refería con “locuras” pues yo lo más que hacia era beber, drogarme un poco con activo y desnudarme de vez en cuando en alguna fiesta, pero la seguía pues era la que mejor cuerpo tenia.

A ambos nos gustaba la marihuana, recuerdo que una ves ella quedo inconsciente en mis brazos después de haber fumado una gran porción. Yo solo la veía y pensaba en que por fin su sueño de conocer el infierno se haría realidad. Cuando desperté ya se encontraba preparando el desayuno y cantando una canción, como si nada hubiera pasado.

Pronto empecé a conocer más acerca de la vida en otros planetas, de la oscuridad, el satanismo y los cultos sangrientos. A Raquel le apasionaban estas cosas, yo la escuchaba admirado y dejaba que con cigarrillos prendidos me marcara una cruz al revés en el pecho, para luego hacer yo lo propio en el suyo. Aún así, esto no me llamaba mucho la atención y seguía vistiéndome y siendo el mismo de siempre.

Un hecho fue el que marco el comienzo de lo que ahora me apasiona. En cierta ocasión nos reunimos los tres e invitamos a algunos amigos a beber en un bar clandestino que se encontraba atrás de la central camionera que estaba por la escuela. Era una tienda en la cual se vendía de todo menos alcohol, pero en donde si concias al mister te dejaba adentrarte a lo que en ese tiempo era una vecindad abandonada y en cuyos cuartos había acomodado mesas, un refrigerador oxidado lleno de cervezas y una rocola.

Nosotros acostumbrabamos a ir seguido, casi diario, pero en esta ocasión el dueño del lugar nos advirtió que un cuarto estaba sellado por la policía. Nuestro asombro fue grande cuando nos informo que la Pelos había matado a la Maru y la andaban buscando.

La Pelos y la Maru eran las únicas inquilinas de aquel viejo lugar. Las conocíamos bien pues siempre les alegraba que “jóvenes” como nosotros nos atreviéramos a andar por esos lugares “de mala muerte” como si nada. La Pelos era un travestí viejo, gris y muy alto cuyos labios excesivamente pintados de labial siempre dejaban en mi mejilla y a veces en mi boca una marca roja. La Maru era su pareja: una mujer grande, gorda y muy amable que siempre andaba cuidando su aspecto con un espejo el cual parecía mirar a cada segundo.

Conocíamos su cuarto pues ya varias veces nos lo habían prestado por ser el único con un colchón a ras de suelo en el cual podías pasar, junto con ellas, horas de absoluta felicidad.

En efecto, cuando pasamos por ahí los sellos de la policía impedían el paso. Nos sentimos mal, un aire de soledad absoluta nos rodeaba y nuestros invitados de esa tarde prefirieron irse a su casa a acostarse temprano: los puros sellos los habían impactado. Nosotros decidimos quedarnos y echar un vistazo. Raquel empujo la puerta que solo estaba emparejada.

El mister nos acompañaba mientras presenciábamos el espectáculo post mortuorio. No toquen nada nos advirtió pero yo me encontraba ya a ras del suelo oliendo el colchón que aun emanaba un aroma mezclada de pasión con sangre. Las paredes estaban repletas de ese líquido rojo que recorre nuestras venas, en el colchón había restos aún de masa encefálica, de cráneo con un poco de cabello. Una sopa instantánea descansaba a medio comer con un tenedor en su interior manchado, como todo, de sangre.

Nunca olvidare esa visión, ni el olor pues me gusto. Salí revitalizado e imaginaba la acción tal y como nos la había platicado el mister: La Pelos azotando una y otra vez el tabique, que aún se encontraba dentro del cuarto, contra la cabeza de la Maru. Parecía escuchar el crujir de esa preciosa cabeza, ver emanar los líquidos mezclados: rabia, orín, sangre, a la criminal salpicada de residuos carnales. Me dieron ganas de llorar y lo hice pues la verdad me había sido otorgada.

A partir de ahí no fui el mismo. En cierta ocasión mis amigas me invitaron a un ritual satánico. Estábamos solo los tres y llevaban huevos, velas negras, un libro, inciensos y un gato grande de color negro. Después de rezar algo parecido más al Ave Maria que a otra cosa y romper los huevos, que para mi sorpresa, emanaban una sustancia negra y olorosa, teníamos que matar al gato. Maria seria la encargada pero después de varios intentos fallidos no pudo atinar a la cabeza del animal con aquel tabique parecido al que había usado La Pelos.

Al verse ambas impedidas para tal acción me dijeron: te toca. En sus ojos percibía el miedo de quienes nunca han matado ni un insecto. Agarre al animal por el cuello, lo retorcí entre mis manos mientras me rasguñaba los brazos causándome heridas profundas que emanaban sangre abundante. Raquel empezó a lamerme para limpiarme, Maria hizo lo propio con el gato al cual los ojos se le habían salido. Y sí terminamos todos manchados y sí: tomamos sangre.

Es por eso que cuando él me dijo que era un vampiro no le creí y lo mate. Para ser uno de esos pensé, mientras veía sus ojos ponerse blancos y sentía temblar su cuerpo, te tiene que gustar la sangre cabrón.

A mi me gusta.

Don Fer
Mayo 2007

Música.




Y es que un día amanecio y llovia..

Extrañado pues era primavera Armando ahora entendia el dilema del tan mencionado cambio climático. Se sentía bien, a él estos "climas" le agradaban más aún que el calor insoportable y el viento de verano.

Puso un disco en una grabadora que ella le habia dejado como recuerdo. La odiaba por haberlo abandonado justo en el momento en el que pensaba más la necesitaba. No entendía la razón, aunque pasaba horas enteras analizandolo.

Telefunka sonaba no con mucha fuerza, a un nivel medio de sonido acoplado a la perfección con el ruido de las gotas que sonaban en el techo de lámina de su casa. Armando amarraba sus agujetas, melancólico pensaba en ella y en él; si lo llegara a encontrar en la calle lo mataría. No podía soportar que Elena hubiera desaparecido abrazada por aquel individuo y sin destino conocido.

Besame mucho, versión electrónica de los Funka, lo reanimó. Ya vestido ahora bailaba lentamente, como imitando a una gota la cual escurria por su ventana. Imaginó lagrimas, pero tenia tiempo que a él ya no le brotaban, tanto dolor lo habia dejado seco por dentro, o por lo menos eso pensaba.

La resequedad volvio con el recuerdo y la visión del agua cayendo a chorros. Necesitaba una cerveza, se dirigio al refrigerador pero solo encontro botellas vacias, ropa y comida sucia. Tenia que cambiar la ambientación. Se dirigio a su librero en donde una foto de ella aún adornaba un espacio cuasi sagrado.

The Best of the Doors, música ideal para este día, la rola The end. Armando ya viajaba y pensaba cuanto sufrimiento se habria ahorrado si la hubiera matado antes de descuidarla. Asi por lo menos los dos terminarian juntos, pues él por supuesto se hubiera siucidado después. Recordaba a sus padres, sus consejos, sus envestiduras reales, su carácter fuerte y su ausencia de más de diez años.

Alicia de Bunbury: Por que todas las rolas de este señor le recordaban a ella, o más bien todo le recordaba. Estaba obsesionado, enamorado, no lo sabía pero lo atormentaba un sentimiento de soledad y angustia que a veces lo tiraba en cama dias enteros. Queria terminar pero tenia miedo, más de las recriminaciones hacia su espiritu que al mismo hecho.

A falta de cerveza Armando ya bebía sobras de una botella de mezcal que habia encontrado bajo su cama. Pensaba locamente en beber sus orines para probar ese alcohol destilado. Anteriormente ya lo había hecho, no le desagradaba y era sano, pensaba. Necesitaba cambiar, una transformación.

Se levanto de la tasa del baño, pues aparte de su cama era el único lugar donde se podia sentar, y cambio el disco. Sonaba un acoplado de música Ska: La Tremenda Korte, La Parranda Magna, Secta Core, Estrambóticos, Nana Pancha le recordaban sus tiempos juveniles. A los veinticinco años se sentia viejo y esta música lo llevaba a sus dieciocho, a sus veinte cuando la conocio a ella.

Optó por bailar, por sacudir ese día tirado en la cama. Los musculos ya no le respondian y lo dejo, queria llorar pero no podia, solo sentia un ahogamiento, dolor de estomágo profundo y sus ojos hinchados. Ni una lagrima.

Abrio la ventana y notas lejanas llegaron a sus oidos, era banda, música de moda por estos tiempos. Cantaba un señor con un melancolismo triste, trompetas lo envolvian y un bajo ininterrumpido lo aompañaba, la lluvia cesaba. Asi de momento se dejo llevar acompañado por un silencio pesado y reconfortante como cuando se acostaba con Elena a solo admirar el techo.

Tenia que escuchar a Pink Floyd para seguir viviendo este momento. Se levanto y busco el disco pero no lo encontro inmediatamente, en cambio se topo con la ropa que ella había dejado abandonada; la veia y pensaba que una nueva vida le deparaba nueva ropa. Seguramente no queria guardar recuerdo alguno de su vieja existencia, de él, su casa y sus regalos que aún se encontraban en el lugar donde siempre habian estado.

Encontro el disco y lo programo, ya estaba borracho pues tenía tiempo que no acompañaba el alcohol con algun tipo de refresco

Tocaron a su puerta, un periódico llegó por manos de su vecina, era La Prensa de ese día. En el estaba la fotografía de ella, muerta. El pié de foto decia: A balazos, en un asalto.

Todas sus elucubraciones habian sido una farza, como su vida misma. Tomo la vieja pistola que su papá le habia regalado, ingirió un trago de mezcal y se disparo en la cabeza. Pink Floyd sonaba a todo lo que daba la grabadora.

Cuando lo encontraron aún derramaba de la boca el liquido color miel del alcohol mezclado con sangre.

No había alcanzado a digerir ese último trago.


Don Fer
Marzo 2007

Ayer





Ayer le devolvi al mundo algo de la magía que me habia otorgado.
Lo envolvi en llamas, lo vi diferente y satisfecho empece.
Quizas amanecí de buen humor, no lo se, pero me sentía bien.
Me levante, orine como siempre, pero sonreí, pues no había más pesar.


Ayer fui temprano de compras: una pasta de dientes, un hilo dental
el mal aliento estoy dispuesto a dejar.
Un bizcocho para desayunar, un papel de baño caro, un regalo para mi esposa.
Nada de cervezas, en su lugar: refresco y agua mineral.


Ayer regrese a casa, desperte a mi mujer con un beso en la mejilla,
ella sonrojada se sorprendio. Estoy dispuesto a cambiar le dije.
Corte el cesped, bañe al perro, me bañe yo, las uñas me corte.
Lave los pisos, prepare el desayuno y de alcohol no me acorde.


Ayer escuche música y hasta un cuento de niños escribí.
La inspiración renacio un poco más noble.
Recorde y logre derramar una lagrima: sobrevivi, sobrevivi...
Ayer me sentí como un roble.


Vi la tele toda la tarde, me deje llevar por la caja.
Reí con chistes baratos, llore con dramas increibles, me abrume con historias tristes.
Me levante y comí una botana, abri el refrigerador y no pense en cerveza.
Mi mujer me veia desconfiada: ¿es esto un chiste?


Ayer dormí temprano, reconfortado por un par de piernas,
disfrute y hasta una erección logré mantener.
El sueño placentero en nada me hizo soñar.
Duende, bruja, vacio, de mi mente desaparecieron.


Creo que me estoy haciendo viejo...


Hoy desperte, el mal aliento volvio.
Las ansias locas tambien.
Demonios, necesito una cerveza.

Creo que me estoy haciendo viejo...


Don Fer
Marzo 2007

Osvaldo


Foto: Bere.

Y así fue...

El jueves recibí una visita inesperada en casa.

Osvaldo llegó, como siempre, cargado de recuerdos, de nostalgias sufrifles, de angustias rotas y de cervezas y marihuana que generosamente compartio.

Departimos alrededor de una idea cuyo fondo gris fue telón de la gran actuación que dimos: el amor.

Tan gris, tanta falta que a él le hace, ni siquiera sabe si existe, dice nunca lo ha saboreado... Siempre intentandolo, nunca lograndolo.
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Osvaldo es aquel que de niño tenia un sueño: ser caballo. Al que a tierna edad le causaba excitación comerse sus costras, y por lo mismo buscaba herirse constantemente, locamente.

En una ocasión llegó ataviado con una mascara del santo a la fiesta de mi amiga Diana. Todos reimos y no le tomamos mucha atención a pesar de las llaves fisicas y mentales que nos aplicaba. De ahí tambien que lo conozcamos como el santos.

Fue en un viaje a Oaxaca, a las playas nudistas de mazunte, aragón y zipolite, cuando al verlo desnudo, con su cuerpo peludo y gastado, se gano su otro mote: capitan cavernicola.

Aquel que ha soñado con criar puercos o con tener un camión de basura pa´chambearlo, ese es Osvaldo. El que un día nos dejo a mi tocayo y a mí abandonados en casa ajena, diciendonos que era la suya y descubriendo la mentira cuando el dueño nos agredio pensando que la visita era un asalto.
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El amor, idea gris como el humo del cigarro que corremos, lo ha hecho cometer improperios y estupideces. En una ocasión Osvaldo llevo a una mujer a una fiesta a la cual habiamos sido invitados.

Yo no supe sus intenciones con la dama hasta que lo vi lanzando maldiciones y pateando la puerta hasta descomponerla. Al ver a su pareja besando, tocando y dejandose guiar a una recamara por otro caballero comprendí el sufrimiento de mi amigo.

Siempre hablamos de amor. Me pregunta si lo he encontrado, aunque yo nunca le contesto. No lo se, le digo.
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Yo me he cortado las venas, me he drogado hasta encontrar una nueva conciencia.

Él se ha quemado en la mano con un cigarrillo hasta dejarme ver su hueso. Herido ha querido disculparse aunque siempre lo rehuyo. Sus disculpas son para él purificación del alma, para mí una tonteria.

Y ahora...

Estamos en la sala de mi casa, acordandonos de todo lo anterior.

Has cambiado me dice.Tu matrimonio te hace más formal.

Yo a él lo veo igual, tal vez más delgado, demacrado por la droga. Él dice que es el ejercicio aunque soy bueno para ditinguir a un Yonki de una atleta. Su estado emocional es el mismo, aun habla de Sara, de sus amores imposibles: de amor...

De repente comienza a llorar. Lanza improperios al aire y me dice con aire melancolico que soy un mal amigo. Traicionero, charlatan, embustero, cobarde, hijo de puta son las palabras que me lanza sin hacer mayor mella en mi estado emocional.
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Ahora que lo pienso tiene razón. Desde ese encuentro ¿o desencuentro? Osvaldo sigue enviandome mensajes a mi celular invitandome a salir, a compartir tiempo. Nunca le contesto. Si llegamos a encontrarnos es fortitua o inesperadamente.

Ayer recibi un nuevo mensaje de él. Me mandaba mucho a la chingada y decia que me iba a matar. Me confesaba que en cierta ocasión mi ex novia le habia hecho el sexo oral.

Ahora lo se: Osvaldo esta enamorado de mí.

Don Fer
Marzo 2007.

Hotel y tumbas





Y seguimos.. Bebiendo nos encontramos.
El lugar: el gris de cuatro paredes que parecia iluminarse,
con tu sonrisa, con la de ellos.


A travez del cristal solo veo: tumbas.

Es la dualidad, la que experimentamos.
Soledad, compañia, cuatros paredes son testigos
de la fiesta de la muerte y la vida,
del deseo , del placer, del encuentro, del eros.

Cuerpos sudados. ¿Acaso estamos en una tumba?
Observo la calle por la ventana y solo veo: cruces.
¿Sera que ya no importa nada?

Quizas el sudor ha tapado mis poros,
los ha hecho enloquecer y ahora ya no respiro.

La botella seguira girando, igual que el mundo.
Ella lo hara sobre nuestros cuerpos haciendonos obedecerla.
El mundo alrededor del sol, haciendolo brillar.
Y en mi cabeza da vuelta el cementerio, que hoy parece cupido.

Y esto va acabando, el sol va iluminando.
Las paredes se hacen más tristes. El calor ya no reconforta.
Y me dejo, ir o venir, no lo se... La instancia se difumina.
Tumbas: alla voy.






Don Fer



22/01/07



"A todos aquellos que han compartido la tumba conmigo".

Diario de un suicida.. Basado en epopeyas reales



¿Qué cómo me fue en año nuevo? Me preguntaste

¿Por qué diablos lo haces? ¿Por qué eres tan común, por no decir corriente? ¿Por qué lo preguntas? Pensé.

Es algo absurdo, la cuestión en si es prágmatica y vanal. Un mero formalismo, rescoldo de aquellos que no tienen más de que platicar. Una pregunta que para mí es insoportable.

Te la contestare por que me considero un hombre sabio y los hombres sabios siempre tenemos una respuesta para todo ( o eso es lo que dicen ). Aparte es uno de los ultimos recuerdos que guardo casi engrapado al corazón, a la conciencia que ahora se va difuminando. Espero la leas, pues nunca has sido demasiado perceptiva "para este tipo de cosas".

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Creo que ahora si he logrado colmar a los que me rodean, de otra manera no me explico el por que estoy aqui, escribendote esto...

Ja, algun día rompere estas cuatro paredes y todo sera como antes: tu y yo en Praga, Florencia, Roma: en la mierda del mundo.

Te cuento, un cuento:


En un momento la fiesta iba bien: cerveza y unas anfetas; la familia reunida alrededor de la mesa: conviviendo, riendo, soñando. En el estereo sonaban notas de una música indiferente llamada villancicos: en fin, la llamada felicidad, para mí momentanea y aparente, que a todos llega por lo menos una vez en su vida... O varias: catorce de febrero, diez de mayo, veinticuatro de diciembre etcétera.




Esta fecha en particular me enferma un poco, no tanto como otras en las que decenas de globos en forma de corazon rondan los aires contaminados y malignos de esta ciudad; o en la que arboles ya no naturales se ofrecen en las calles junto a esferas multicolores y luces brillantes. Mientras esto no se acerque a mí me da igual, fingo indiferencia. Pero en este día los melancolismos y las metas alcanzan niveles cuasi drámaticos: Las doce uvas, los deseos, los abrazos, las suertes y las solidaridades...


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Tal ves sea que yo ya no tengo metas y he obtenido pocos logros: algunos estudios, mujeres, vicios y desventuras. Quizas me de envidia por no haber logrado acoplar mis sentimientos con el de las mayorías. No lo se, pero creo que un logro loable y hermoso es mi locura. Sin ella, y por supuesto sin ti, yo ya no existiria en este mundo. Y lo digo en serio, no es una pose de esas que tu sueles etiquetar como "payasadas".


En fin, en cierto momento la abuela dijo algo que a mi me sono tristisimo, pero que la mayoría aplaudio: "por que nuestras metas en un futuro se logren, por que lo sueños se hagan realidad".


Reflexiono ahora en torno a esas palabras: cambiar al mundo,hacerlos consumir acidos y anfetas para que logren ver al profeta y negocien con él su entrada al paraiso; vivir contigo pero con otras mujeres tambien; lograr escribir bien; viajar a dimensiones desconocidas; conseguir buen hashis; morir como Aldoux Uxley envenenado con Peyote...¿Esos sueños tambien se cumpliran? ¿Se vale agregarlos a la canasta abuela?


Ahí es que comenzo la maldad, las lagrimas derramadas me causabn un odio comprensible: cómo llorar por lo que no se ha visto aún. Sentia rabia y lo demostre vomitando, explicitamente, todo el vino y las pastillas que me habia tragado. Fue para todos la sorpresa, los reclamos, los ¡Ya vete a dormir!, las indulgencias, la lastima... Ni madres ahora me escucharian, se acabaria el monotono, el callado, el sutil.


La verdad es que no pude articular palabra. Como suele ocurrirme en estos casos la apatia seguida de depresión se apodero de mi. Todos tenian cara de "yo no entiendo a este pinche chavo mariguano", otros mostraban indeferencia y se daban consejos para dejar de fumar, hacer más ejercicio, dietas, conseguir trabajo, un hogar y más.


Fue cuando recibí tu llamada y escuchaste mis sollozos. Mis venas ya derramaban ese liquido rojo que a los vampiros les encanta chupar. Tirado en la cama esperaba el final, la meta: el sueño, el anhelo de fin de año. Fue cuando la abuela subio y casi se desmaya, cuando el tio entro con cara lastimera y cuando desvaneci.


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Desperte tras lo barrotes grises que hoy son mi puerta a la luz. Acorralado dentro de estas paredes la experiencia surge nuevamente, el dilema de la existencia misma se muestra ya. Y ahora si espero esta sea la buena. No hay nadie aqui, son las once de la noche y ni un alma, solo gritos locos, desesperados. Lo estoy haciendo nuevamente.


¿Te acuerdas cuando avente mi auto, con todo y yo adentro, al precipicio? O cuando tome tantas pastillas hasta ponerme rojo, hinchado y vomitar bilis, o cuando me avente de aquel puente.


Tu siempre has estado ahi y te lo agradezco, has hecho más soportable el cámino que hoy se extinge.


Por eso te plático como la pase el año nuevo: En general, como un día más en mi vida.



Don Fer
(Febrero 2007)







Vagabundo

Se encontraba en un encantador rincón. Admiraba el mundo, fumaba un cigarrillo cuyo humo hacia cabriolas en el aire encantado ya de otro humo, más espeso mas girs. Miraba hacia todos lados, como esperando algo lo cual a ciencia cierta no sabia que era; su posición era incomoda, pero él ya estaba acostumbrado a esta y a muchas más.

El suelo le parecía lo más sublime que había en este mundo, dilataba y sabia que era suyo. Ya lo había probado de mil maneras, sentado en él, arrodillado, acostado. Incluso en alguna ocasión lo palpo, beso, y sintió de una manera cuasi espiritual. Sabía que de ahí provenía todo: él mismo, sus sueños, creaciones y felicidades. Constantemente lo comparaba con una mujer a la cual podía hacer suya cuantas veces quisiera, la que podía darle venturas, desventuras y uno que otro momento de placer. ¡Ah! Admirable terreno, que él usaba y cuidaba tanto como a su vida.

Veía a los pocos árboles que lo rodeaban como rivales, pues sabía que le robaban un poco de su sagrado espacio, pero igual los respetaba pues, pensaba, eran sus únicos acompañantes con algo de vida. Ahí estarían siempre fieles. Incluso él moriría y los troncos con ramificaciones verdes que parecían extenderse hasta el más allá, seguirían rígidos soportando y esperando a que otro compañero como él llegara a su espacio.

Era conciente de que el universo era mucho más grande que un par de árboles y una banqueta, pero ya no se atrevía a inmiscuirse en él. Lo había hecho años atrás encontrando desesperanza, amores mal pagados, aires malignos y alcoholes destrozadores de espíritu, conciencia y vida. Él ya se había confrontado al mundo, lo había hecho suyo, lo había estropeado. Pensaba que tenia que pagar con la reducción de este, que Dios lo había condenado a este mini espacio, a este sobrevivir con lo mínimo de aire y visibilidad. ¡Oh si! Ya lo había visto todo, ahora solo esperaba ver más allá.

En ocasiones un perro se abalanzaba hacia él juguetonamente, pero no le gustaba pues le robaba espacio, comida y tiempo. A los humanos ya no les tomaba importancia y solo los usaba materialmente pidiéndoles algo: una moneda, un pan, una limosna. Estaba seguro que la espiritualidad se había perdido por completo en este complejo de edificios grises, que lo rodeaban. Y es que no había ninguna iglesia cerca, como las de su pueblo del cual se acordaba con imágenes remotas. Hasta tres o cuatro podías ahí encontrar. Aquí las pocas que habían estaban perdidas y la grandota esa que estaba junto a la base de concreto más grande y gris del mundo estaba muy lejos y no lo dejaban entrar por su aspecto.

Idílico concentraba su espíritu, mente y cuerpo a rezar a una cruz de metal que le habían regalado años atrás y cuyo resguardo era tan sagrado como el de un tesoro. Su creencia hacia Dios se había desmoronado, pues no comprendía como algunos seres humanos se empeñaban en derribar árboles, montañas, secar lagos y exterminar animales con el solo propósito de construir edificios, casas, dinero. Si alguien algún día se atreviera a meterse con sus árboles los defendería con su vida misma. Por qué no respetar lo que el mismo Dios les dio, por que la destrucción, no lo entendía pero tampoco lo analizaba mucho pues sabia que no le era posible hacer nada, era uno más de sus dolores de cabeza, solo eso.

De vez en cuando abandonaba su lugar, salía a caminar, maltrecho pero seguro. Ya no le podía pasar nada, a lo más podía olvidar el lugar de donde había partido pero seguramente encontraría otro, como tantas veces ya le había ocurrido. En estos lares banquetas era lo que sobraba, árboles no, eso le preocupaba. Era ecologista sin saberlo, sin tomarlo en cuenta. En sus viajes observaba a la gente alejarse de él, dar media vuelta y emprender la huida, le daba gracia y confirmaba su idea de perdida de espiritualidad, humanismo, de vida misma.

Se sentía reconfortado cuando llegaba a algún parque. Entablaba largos monólogos con los árboles, les ofrecía su intimidad, los regaba con sus relatos, dejaba que aquellos le absorbieran todo. Siempre terminaba agotado, sin ganas de continuar y no pocas veces dormido a sus pies sintiendo aún esa rivalidad que los unía, esa confianza que los entrelazaba. A lo largo de sus sueños se despertaba su pasado, la escuela rural en la que había pasado seis años de su vida; sus padres mandándolo a trabajar a la ciudad; los edificios, que sentía, se derrumbaban sobre él; sus iguales tratándolo con desprecio; su banqueta, su existencia.

Cuando le daba por beber veía el mundo de otra manera, más mediocre, mas triste, ruin y caótico. Había visto asaltar, violar, sucumbir bajo las llantas de un camión. Lloraba de rabia horas enteras al ver el desprecio y la carnicería de la cual todos éramos cómplices. Sus sentidos se agudizaban, entendía con otros ojos lo que nadie podía percibir, la belleza era para él una esquina, una mancha, una veladora, una luz, lo más común.


Yo lo conocí cuando le platicaba algo a un árbol, su aspecto era descuidado, denotaba tristeza infinita y sus ojos negros y sin brillo estaban perdidos en un punto fijo. Al percibir que lo miraba desconfiado abrazo al árbol, parecía querer fundirse en él, ser una esencia dual: tronco carnal.

Sin aspavientos le salude cortésmente.

- Un día de estos todo se entenderá y seremos expulsados de la tierra, iremos al infierno mismo, donde yo ya estoy - me dijo harto convincente.

De ahí que conociera su visión del mundo, de este encuentro a que me atreviera a escribir unas líneas sobre él. Cuando después de platicar me confeso que yo era como un árbol, inmaduro, pues no me habían crecido las hojas, yo le pregunte su nombre.

Me dijo que se llamaba Dios, le creí y hasta la fecha comparto su banqueta, su espacio y su vida.

Creo que las primeras hojas en mi cuerpo están empezando a germinar.



José Fernando Franco Gutiérrez.
D O N F E R...

Pics y más pics....






Les dejamos unas fotos. Imagenes tomadas el 30 de Agosto en el campo de Beisbol de Ciudad Universitaria..

El motivo: Gran concierto de apoyo a la movilización ciudadana pacifica que encabeza Andres Manuel López Obrador en contra del fraude electoral

Tocaron: La Botellita de Jerez, Antidoping, La Maldita Vecindad, Salario Minimo, Santa Sabina y Salón Victoria..

El apoyo chingon, la música mejor, el alcohol excelente...

Que las difruten: